Diario/bordadura de la protesta social en Chile

Angélica Panes Díaz

El 18 de octubre vimos la ciudad evadir el miedo, arder el miedo dándose el gusto del caos, una pequeña pero suficiente posibilidad de desobediencia desatada por treinta años de precariedad e inequidad social. La aflicción fue tal que tuvimos que gritar, meter ruido, hacer estallar las formas y darnos cuenta de que éramos tantos y tantos en la misma desolación, en la misma protesta.

Así la vida que llevábamos quedó atrás o eso nos parece. Dos meses como trizadura irremediable. Una escisión que nos deja de este lado donde nada se construye en soledad. El norte es de todos a pesar del gobierno oligárquico que pretende legislar haciendo sus jugadas, sus cocinas a puertas cerradas.

Ya nunca más las cosas y las relaciones podrán volver a ser lo que eran aun cuando el miedo y la incertidumbre arrecien. Aun cuando la increíble represión se despliegue por las calles seguimos en pie agitando la ciudad.

Y los modos de agitarla comienzan a mostrar una insospechada creatividad que se toma las paredes, se toma los balcones, las plazas y parques desbaratando la idea de que lo creativo pertenece a un grupo selecto, a espacios específicos. Ahora es la calle la mejor galería de arte o la mejor lectura de poesía autoconvocada.

Porque la primera invitación de este despertar social fue a encontrarse, reunirse y organizarse para (re)crear modos de expresar lo silenciado por tanto tiempo, para darle forma a lo comunitario como un colectivo que ayuda y sostiene y nutre y construye.

En este escenario, terrible e incierto los primeros días, surgieron con fuerza muchos grupos y colectivos, entre ellos, los de arte textil. Un arte mirado en menos, siempre en la disputa entre arte o artesanía decorativa, pero que en momentos de crisis aparece como expresión que, desde las subjetividades femeninas, expresa una estética, una postura política, un movimiento social.

Basta recordar a las bordadoras de Isla negra alabas por Pablo Neruda o las arpilleras de Violeta Parra que llegaron hasta el museo del Louvre o los bordados, en plena dictadura, de las mujeres que trasformaron el oficio en un arma de denuncia. También cabe mencionar la agrupación Memorarte, en la actualidad, cuyo trabajo es elaborar arpilleras urbanas, bordando para “no olvidar, para registrar la memoria y para incidir”.

En este fragor donde miedo, incertidumbre, esperanza, indignación, cansancio y alegría se enredan persistentemente es que nos autoconvocamos junto a otras profesoras y artistas visuales dando vida al colectivo Bordados por la dignidad. Pura bordadura que fue armando el registro de estos dos meses.   

El primer encuentro y el trabajo en comunidad

18 de octubre la ciudad ardió de indignación acumulada durante 30 años de instalación del modelo económico ideado en dictadura. Cayó la siniestra mano de la represión estatal, mediante estado de emergencia y fisuras legales que permitieron el toque de queda y la salida de militares a las calles para contener a la masa de ciudadanos que a punta de cacerolazos fue desanudando la rabia en una idea clave: “dignidad” para la vida. Nos reunimos para contenernos esos primeros días, para hacer comunidad e hilvanarnos a este movimiento sin más cauce que la mejora de nuestra sociedad.

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Día tres de protesta social. Parque Juan Moya. Ñuñoa.

Bordados para la agitación social

El encuentro y trabajo comunitario sirven para levantar contención y propaganda. Pero el cuerpo nos pide una acción distinta. Entonces levantamos la serie de bordados “Al centro de la injusticia”. Es día 23 de protesta social en Chile nos situamos en Plaza de la Dignidad para marchar por “La tercera es la vencida”, una manifestación levantada luego de las declaraciones del Presidente Sebastian Piñera en las que hablaba de otorgar mayores atribuciones y resguardos a Carabineros en contextos de manifestación social, mientras se violaban los derechos humanos en Chile. La bordadura remite a una cita a Violeta Parra: “Los hambrientos piden pan/plomo les da la milicia”. Bordadura y dolor al saber de Gustavo Gatica, joven de 21 años, atacado con balines que le hicieron perder sus dos ojos.

Ese  bordado y toda su dura verdad como gesto de denuncia por todos los heridos, apaleados y muertos durante los primeros veintitrés días de despertar social. Bordados por la indignación.

Día veintitrés de protesta social. Plaza de la Dignidad (ex Plaza Italia)

Bordados en resistencia

Es día 28 de movilización social. Día 28 de represión y abuso policial. Recrudece la maquinaria estatal sobre la criminalización de la protesta por las justas demandas del pueblo chileno. Se niegan informes de Amnistía Internacional de Derechos Humanos que ratifican abuso sistemático. Se avala el actuar represivo, se avanza legislativamente bajo la lógica de los consensos entre partidos. Día 28 de bordado para recordar a Camilo Catrillanca, asesinado por Carabineros, y exigir verdad, justicia y castigo. Bordados en resistencia.

Metro Chile España. Ñuñoa.

Bordados contra todas las violencias

Día 36 de estallido social. Día contra la violencia hacia la mujer.  Llevamos a cabo la bordadura en memoria de las víctimas de femicidio en Chile en 2019 y víctimas de violencia política, sexual, homofóbica de nuestra historia reciente en lo que fue el ex centro de tortura “venda sexy”.

Irán 3037. Macul.

La bordadura

Avanzan los días, cuarenta, cincuenta días, se niegan informes de internacionales sobre vulneración sistemática de los derechos humanos, se dan respuestas irrisorias sobre uso de balines, de gases tóxicos, de agua con químicos, aparece la agenda represiva, los bonos como respuesta a demandas de cambio profundo a sistema de pensiones. Nada cambia realmente.

Y en este contexto, en este vaivén nos sostenemos en la bordadura porque es lenguaje amoroso y cálido que permite encontrarnos, contenernos, levantarnos frente a lo siniestro de la represión, el cansancio de los días y así podemos ir trazando, puntada tras puntada, la empatía, la unidad, el mirarse, reconocerse y encontrarse bordando la amabilidad, la solidaridad, la creatividad y valentía para (a)bordar en medio del fuego y la ira a nuestros golpeados, heridos y muertos. Nos sostenemos a la vida y la memoria de Gustavo, Fabiola, Abel, de los 23 muertos, las 352 víctimas con heridas oculares. Dejamos así hilvanada la exigencia de verdad, juicio y castigo. Bordamos, bordaremos este diario acontecer hasta que la vida se vuelva digna.

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