Contra la represión ¡auto organización!

Poblaciones sacudidas por la represión se organizan para sostener la vida. Hay otras formas posibles de hacer, pero nunca vendrán desde arriba.

Por Rodrigo Leal

El día 5 de diciembre, a eso de las ocho de la tarde, más de cien mujeres de todas las edades se presentaban con la performance de Las Tesis: Un violador en tu camino, en las afueras de la Tenencia Mauricio Rivera López de la comuna de La Granja. La agitación y la energía es la misma que hemos podido ver en los distintos registros que ha dejado esta actuación, tanto en Chile como en el resto del mundo. Cuerpos erguidos hacen sentadillas, levantan la mano empuñada, gritan con fuerza, señalan al victimario.

Hacia el final de la intervención se oyen cantos intensos contra la policía: “el que no salta es paco” seguido de “puta, maraca, pero nunca paca”, encienden el ambiente de la protesta. La gente está enojada con el actuar generalizado de la policía; y esta ofensiva tiene un rol simbólico que señalar, increpando e interviniendo el espacio que ocupa el poder al interior del territorio.

Al poco rato, la imagen es completamente distinta. Por Avenida La Serena y Santo Tomás las personas huyen de la policía, que lanza bombas lacrimógenas en todas direcciones, inclusive hacia los pasajes en que residen vecinos y vecinas del sector. Una madre corre con su hijo de un año en brazos, en dirección que les permita esquivar la nube tóxica que comienza a inundar el lugar. Más tarde, afirmará con fuerza y cólera que la policía: “en vez de solucionar los problemas de otra forma, lanzan lacrimógenas a los niños…queremos que se esfuerce el gobierno para cambiar esta situación – ¡basta! – ¿quieren que quede más la embarrada? ¿que explote más? ya no es posible que sigamos en esta situación”.

Para esta vecina la situación responde a un accionar dirigido por el gobierno, que incita más odio al interior de las comunidades, lo que vuelve insostenible la vida. Es la misma situación que se ha experimentado en distintas poblaciones del país y de Santiago. Y las personas acusan que responde a una intervención planificada, orientada a estrechar la protesta social a través del amedrentamiento de pobladores y pobladoras.

A quince kilómetros de distancia se ubica la población Lo Hermida. Allí, diez días atrás, jóvenes de la comisión de derechos humanos de la asamblea territorial, se preparan junto a abogadas y abogados de la Defensoría Jurídica de la Universidad de Chile para presentar dos recursos de protección contra carabineros de la 43 comisaría de Peñalolén. La situación ha sido más o menos parecida que en La Granja, aunque la excusa de la represión opere sobre otro argumento, que para este caso corresponde a la toma de terrenos de la Viña Cousiño Macul -demanda histórica de quienes luchan por el acceso a la vivienda digna en el territorio. Desde ese acontecimiento, allí se cuentan 561 personas heridas por disparos de perdigones y bombas lacrimógenas, 2 personas atropelladas por motos de carabineros, 20 querellas por apremios ilegítimos y una simulación de fusilamiento.

Foto: Asamblea Territorial de Lo Hermida

Desde la propia asamblea territorial reconocen que la policía estuvo ingresando a los blocks de departamentos, buscando a los dirigentes sociales que se habían tomado los terrenos. La política de amedrentamiento, además, se sostuvo durante varios días a través de ofensivas contra los puntos de salud, escuelas y jardines infantiles del sector. Las detenciones ocurrían de forma selectiva y nunca terminaban en algún procedimiento formal, pues eso impedía que la policía pudiera llevar a cabo su pulsión de oprimir física y psicológicamente a quienes se manifestaban: “Los pacos no te llevan al calabozo porque te van a ir a buscar, por eso te golpean o maltratan en la calle y luego te sueltan”.

En las periferias y sectores más pobres, la policía se mueve a través de estrategias fuertemente represivas. Se dirigen rápidamente en contra de las poblaciones más organizadas, pero también las más invisibilizadas. Detienen a sus dirigentes, acosan sus hogares y reprimen la protesta. Las casas muestran marcas de balines, los tejados señalan orificios por las bombas lacrimógenas que se lanzan desde helicópteros. Pobladores y pobladoras deben refugiarse en unidades vecinales, por lo irrespirable del aire en su entorno más cercano. Según información de la Defensoría Jurídica de la Universidad de Chile, en solo un departamento de Lo Hermida se encontraron cerca de veinte lacrimógenas. Por la noche, vecinos y vecinas debían apagar por su cuenta el fuego que se encendía al interior de los blocks para evitar un desastre mayor.

¿Por qué estos ataques? Para quienes allí viven, esto responde al carácter histórico y popular que tienen las poblaciones, lo que les infunde de un fuerte componente de organización popular que en otros lugares es difícil encontrar. Frente a esto, las policías esperan exhibir un mensaje dirigido a todas las poblaciones, para que depongan sus manifestaciones: “si hoy se reprime en Lo Hermida es para que otros tengan miedo de manifestarse”, señalan desde la asamblea.

La desproporción del actuar de la policía vulnera el derecho a la protesta y las personas afectadas buscan responsables de estos atropellos. Para esto, hay quienes han decidido iniciar acciones legales, depositando algo de esperanza, algún anhelo más bien oculto y medio inconsciente, como un espasmo del cuerpo, en la ya maltrecha institucionalidad vigente, como intención de ponerle un freno a las avanzadas del poder ejecutivo. Con esto se busca proteger puntos de salud y espacios educativos al interior de las comunidades, objetivos principales de la ofensiva policial, por el apoyo que prestan a la manifestación. Tal como afirman desde la Defensoría Jurídica de la Universidad de Chile, “es una exposición muy grave la que tienen los heridos atendidos en estos puntos de salud, que justamente son estas atenciones las que han permitido que las consecuencias no sean más graves”.

En general la preocupación se agrupa sobre las personas más vulnerables de cada territorio: niños, niñas y personas de edad avanzada. Esto sitúa cierta sensación de incertidumbre en la población, que no tiene capacidad para pronosticar el incremento o disminución de la represión. Días de aparente calma se estremecen por el temor de vecinas y vecinos afectados en los días recién pasados. Quienes más temen, se quedan a resguardo en sus casas, percibiendo la inseguridad del entorno. Entre niños y niñas, se vive una especie de normalización de la violencia, tornando vicioso el circuito de los afectos.

Para quienes viven en las poblaciones, el retiro de las comisarías y de la presencia policial parece una demanda innegociable. Se han convertido en aparatos represivos del habitar cotidiano y en defensores de la arquitectura del sistema que hoy está en cuestionamiento. Las vulneraciones hoy se muestran sistemáticas, pero han sido parte de la identidad cotidiana de los territorios durante largo tiempo, pues la población es amedrentada y perseguida durante todo evento que incluya manifestación. Territorios en movimiento, en lucha, definen estas ofensivas como consecuencia de su deseo de exponer descontento. Es un ataque contra quienes no permanecen quietos e inmóviles frente a las injusticias de este tiempo.

“La comisaría está dentro de la Viña Cousiño, no cumple otra función que proteger esa viña. La victimización y narcotráfico no se han reducido” (Asamblea de Lo Hermida)

Una forma de asegurar la vida

Solo la auto organización aparece como una acción que permita asegurar la vida. Y en esta búsqueda aparecen formas de democratizar los espacios, la participación y la experiencia. Una de las iniciativas que ha tomado fuerza visible en este escenario ha sido el trabajo de los medios comunitarios y populares, en los distintos espacios que surca la revuelta.

“Sostenemos que la auto organización impidió que en la población tuviéramos muertes” (Asamblea de La Granja)

Al igual que en las poblaciones, estos medios han soportado la violencia policial desde antes de la revuelta iniciada el 18 de octubre. Son perseguidos, sufren allanamientos, les roban sus equipos en asaltos de dudosa sintonía, pues solo se pierde aquello que se utiliza para comunicar. La represión no es más cruda hoy, sino más sistemática, permanente y habitual. Pero el impulso de estos medios no se detiene.

En tiempos vertiginosos los equipos se dividen entre los distintos escenarios de protesta auto convocados, disputando la ofensiva contra la policía y los medios de comunicación tradicionales, que también ejecutan su cuota de represión, estrechando el marco de lo visible. Son formas de defensa del territorio, de sus habitantes y de la forma en que se produce conocimiento.

“Durante las movilizaciones del “mochilazo” fui agredida por carabineros, quienes con el bastón retráctil me golpean en la cabeza. Yo quedé tres semanas inhabilitada para salir y reportear. Tenemos vigilancia afuera de los lugares en que vivimos” (TV8, Lo Hermida)

Foto: Radio Comunitaria Villa Olímpica

Más allá de todo amedrentamiento y vulneración, desde los medios comunitarios y populares se reafirma la necesidad de no dejar a la gente sola en la calle. Tal como aseguran desde la Agrupación de Reporteros Independientes, “la única forma de defendernos de la represión es hacer visible lo que estamos viendo. Mostrarnos en las calles es la única forma de protegernos”. Con esto se construye colectividad, a través de identificarse en la calle, saludar, avisar dónde estás, dónde vas a cubrir, si necesitas ayuda.  

“Nosotros tenemos personalidad jurídica y credenciales e igual nos hemos llevado palos, perdigones, robo de material. La credencial no te sirve más que para poder recibir la bala” (Asociación de reporteros independientes)

Los medios comunitarios y populares no son la voz de los sin voz, son aparatos de registro y difusión de la voz que circula, que es de todos y todas. Todas las personas tienen algo que decir y todo se puede decir, porque estos medios son, en palabras de personas de Voz en Fuga, “solamente una correa transmisora de lo que va pasando en las calles, en las poblaciones y en distintos lugares”. La figura de la cadena es gráfica para estos impulsos, pues iniciativas se van enlazando unas otras para sostener la circulación de ideas y acciones. No es una cadena que oprime, pues se mantiene abierta y extendida, para afirmarse y vincularse. Las radios se cuelgan a través de sus señales para que la información no se pierda. Cae una señal y la reemplaza la siguiente, haciendo posible la saturación del entorno.

“El encuentro entre los medios libres nos va a permitir generar instancias de seguridad mayores…en el sentido de poder retransmitir información de los otros medios y apoyarnos y potenciarnos como medio, nos va a poder permitir tener una línea de información más concreta y más estable” (Kitus)

Uno de los principales aprendizajes de este tiempo, en que urge la afirmación de la vida, es la construcción de auto organización y trabajo colectivo. La primera línea, se ha dicho, es la que permite que ocurra la protesta; con escudos, piedras, agua con bicarbonato, primeros auxilios. Las asambleas, por su lado, afirman que no hay modo posible de hacer, si en ello no están involucradas todas las voces. Mientras, los medios comunitarios y populares sostienen la necesidad de informar en/desde la calle, mostrando lo que otros ocultan convenientemente.

De esta manera, se construye una cadena de respaldo que se moviliza después de haber estado adormecida, con apariciones esporádicas para desastres naturales y campañas solidarias. Hoy la defensa de este aprendizaje se enuncia en la lucha y en la revuelta. Y eso no se va a perder.

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